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La informalidad laboral trepó al 43% y marcó un récord
La informalidad laboral en la Argentina volvió a crecer a fines de 2025 y alcanzó al 43% de las personas ocupadas, consolidándose como uno de los rasgos más persistentes de la precarización del empleo. El dato pertenece al cuarto trimestre de 2025 y fue difundido por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), que registró un aumento de un punto porcentual respecto del mismo período del año anterior, cuando el indicador se ubicaba en 42%.
Según el organismo estadístico, el avance de la informalidad refleja el deterioro de las condiciones laborales en un contexto marcado por la recesión, la caída del poder adquisitivo y la pérdida de puestos registrados. En este escenario, una porción creciente de trabajadores queda por fuera de la protección legal básica, sin aportes a la seguridad social ni cobertura previsional, lo que profundiza la vulnerabilidad de los hogares.
El informe oficial destaca que el fenómeno no impacta de manera homogénea sobre la población ocupada, sino que golpea con especial intensidad a mujeres y jóvenes. La tasa de informalidad más alta se registra entre las mujeres de hasta 29 años, donde el indicador trepa al 57,9%, lo que implica que casi seis de cada diez trabajadoras jóvenes se desempeñan en empleos sin registro.
La situación es aún más crítica en el extremo etario superior: entre las mujeres de 65 años y más, la informalidad alcanza el 61,6%, superando incluso a los segmentos de menor edad. Este nivel de precariedad entre adultas mayores evidencia la dificultad para acceder a jubilaciones completas y obliga a muchas a permanecer activas en el mercado laboral en condiciones inestables, con ingresos irregulares y sin protección social adecuada.
Detrás de estas cifras se combinan factores estructurales, como la segregación ocupacional por género, la concentración de mujeres en tareas de cuidado y servicio doméstico, y la persistente brecha salarial. Muchos de estos empleos se desarrollan en la economía informal, sin contratos escritos ni aportes, y quedan al margen de los controles laborales, lo que facilita la evasión de obligaciones por parte de los empleadores.
Los jóvenes también figuran entre los más expuestos a la informalidad, atrapados entre la falta de experiencia laboral formal, la rotación en empleos de baja calificación y la expansión de modalidades flexibles sin regulación clara. En este contexto, la dificultad para conseguir un puesto registrado empuja a gran parte de las nuevas generaciones a aceptar trabajos temporarios o “en negro”, con salarios más bajos y sin acceso a derechos básicos como aguinaldo, vacaciones pagas u obra social.
Especialistas en mercado de trabajo advierten que el aumento de la informalidad en un contexto de alta precarización no solo implica un problema de calidad del empleo, sino también un desafío para la sustentabilidad del sistema previsional y de protección social. Menos trabajadores aportando de manera regular se traduce en menor recaudación y en un futuro más incierto para quienes hoy sostienen su ingreso en ocupaciones sin registro, profundizando un círculo de desigualdad que golpea con fuerza a mujeres y jóvenes.