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El enigma del oro argentino vuelve al escenario

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El misterio sobre el paradero de las reservas de oro que el Banco Central de la República Argentina (BCRA) envió al exterior en julio de 2024 parece haber encontrado una respuesta parcial por descarte. Aunque inicialmente se especuló con que los lingotes, valuados en unos US$ 4.800 millones, habían sido depositados en Londres para generar rendimientos, recientes movimientos judiciales en el Reino Unido confirmaron que el metal precioso no se encuentra en la capital británica. Esta certeza surge en un contexto de alta sensibilidad para las reservas, cuya cotización internacional fluctúa al ritmo de los conflictos en Medio Oriente.

La revelación se produjo tras una orden de la Corte de Apelaciones de Londres al banco Lloyds para congelar activos soberanos argentinos, en el marco de la causa por el “Cupón PBI”. La justicia inglesa busca identificar bienes físicos o financieros del Estado para garantizar el pago de una sentencia firme que asciende a los US$ 1.800 millones. Ante este requerimiento, los abogados que representan al país debieron aclarar formalmente que no existen activos argentinos en dicha entidad ni en esa jurisdicción que puedan ser sujetos de embargo, lo que incluye el oro enviado el año pasado.

Al quedar descartado Londres como destino, todas las pistas conducen ahora a Basilea, Suiza. La hipótesis más sólida es que el oro fue depositado en el Banco de Pagos Internacionales (BIS, por sus siglas en inglés), conocido como el “banco de los bancos centrales”. Esta institución funciona como un intermediario financiero donde las entidades nacionales colocan su oro para realizar operaciones de liquidez a corto plazo, como swaps o repos, permitiendo que un activo tradicionalmente estático comience a generar intereses o sirva como garantía financiera.

Si bien la Reserva Federal de Nueva York es otra alternativa técnica donde el BIS suele custodiar valores, los analistas consideran que el gobierno argentino habría evitado esa plaza para blindarse ante posibles embargos derivados del juicio por la expropiación de YPF. Aunque recientemente hubo fallos favorables en esa causa, el riesgo de que los activos fueran retenidos en Estados Unidos por orden de fondos acreedores habría inclinado la balanza hacia la neutralidad suiza, buscando un entorno legalmente más seguro para los lingotes.

El movimiento de las reservas fue advertido originalmente por el gremialista Sergio Palazzo y confirmado meses después por el ministro Luis Caputo, quien defendió la operación como una estrategia para maximizar el retorno de los activos nacionales. Según el jefe de la cartera económica, mantener el oro físicamente en las bóvedas del BCRA en Buenos Aires es equivalente a tener un “inmueble ocioso” que no produce ganancias. Sin embargo, el hermetismo oficial sobre el destino final se mantuvo bajo el argumento de preservar la seguridad de los activos de todos los argentinos.

En última instancia, el secretismo que el BCRA y Santiago Bausili intentaron mantener por razones de seguridad nacional terminó chocando con la transparencia exigida en los tribunales internacionales. Lo que comenzó como una transferencia confidencial para “rebalancear” las cuentas del Central, terminó siendo expuesto por la presión de los fondos que litigan contra el país en el extranjero. Así, el mapa del tesoro argentino se reduce ahora a las cajas de seguridad en Basilea, mientras la Argentina agota sus instancias legales en el complejo frente judicial londinense.

 

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