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“Del silencio a la rebelión”: Pesatti reivindicó el 30 de marzo como el principio del fin de la dictadura
El vicegobernador de Río Negro, Pedro Pesatti, trazó una contundente reconstrucción histórica del 30 de marzo de 1982, al que definió como el punto de quiebre que expuso la debilidad interna del régimen militar.
“La mañana del 30 de marzo el microcentro porteño parecía una ciudad sitiada por su propio gobierno”, describió, al enumerar el despliegue de fuerzas represivas: carros de asalto, hidrantes, patrulleros, caballería y militares armados. Para Pesatti, ese operativo evidenciaba que la Junta Militar “sabía de antemano la magnitud de lo que venía”.
La movilización convocada por la CGT Brasil, liderada por Saúl Ubaldini, bajo la consigna “paz, pan y trabajo”, marcó —según el funcionario— el momento en que “la dictadura dejó de poder administrar el silencio social”.
Una multitud que perdió el miedo
Pesatti subrayó que aquella jornada tuvo un componente inédito: miles de personas salieron a la calle por primera vez desde el golpe del Golpe de Estado en Argentina de 1976.
“La multitud se dispersaba y se reconstituía como un organismo que ya había alcanzado el punto de saturación del miedo”, afirmó. A pesar de la represión, las columnas volvieron a avanzar desde distintos puntos de la ciudad, mientras desde los balcones vecinos arrojaban objetos contra las fuerzas de seguridad.
En ese contexto, emergió un grito que —según Pesatti— la dictadura “procesó por primera vez como una amenaza real: ‘se va a acabar la dictadura militar’”.
Represión, presos y un conflicto que se volvió nacional
El saldo fue contundente: más de dos mil detenidos, entre ellos Ubaldini, dirigentes sindicales, integrantes de organismos de derechos humanos y el Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel.
“La movilización dejó de ser porteña para convertirse en un fenómeno nacional”, sostuvo Pesatti, al recordar que las protestas se replicaron en ciudades como Rosario, Mendoza y Neuquén. En esta última, además, se registró la muerte del dirigente José Benedicto Ortiz tras la represión.
Para el vicegobernador, ese carácter federal “alteró definitivamente la ecuación de poder dentro de la propia dictadura”.
Malvinas como “última carta” del régimen
Pesatti vinculó directamente la protesta con la decisión de acelerar la recuperación de las islas: “Malvinas apareció como la última carta disponible para un gobierno que se desintegraba desde adentro”.
En ese marco, recordó el rol del almirante Jorge Anaya y del entonces presidente de facto Leopoldo Galtieri en la definición de la estrategia que desembocó en la Guerra de las Malvinas.
“La operación fue transparente: correr el reclamo por pan y trabajo hacia la épica de la bandera”, explicó.
De la adhesión masiva a la tragedia
El funcionario reconoció que la sociedad acompañó inicialmente la recuperación de las islas: “Malvinas convoca fibras profundas que exceden cualquier coyuntura”. Sin embargo, advirtió que esa unidad “se construyó sobre la misma incompetencia que el pueblo había salido a denunciar”.
Pesatti fue categórico: “Se enviaron conscriptos sin preparación ni equipamiento, con una logística improvisada y decisiones atravesadas por la soberbia”.
El resultado fue devastador: 649 soldados argentinos muertos y una derrota que, según definió, “se convirtió en una sentencia política definitiva para la dictadura”.
Una “aventura militar irresponsable” y la impunidad
En su repaso, el vicegobernador destacó las conclusiones de la Comisión Rattenbach, que calificó el conflicto como “una aventura militar irresponsable”.
“El informe documentó una fábrica sistemática de mentiras hacia la propia sociedad”, remarcó, y cuestionó que sus conclusiones hayan sido ocultadas durante años.
También recordó que los principales responsables fueron condenados, pero luego indultados por Carlos Menem, lo que —según afirmó— “cerró el círculo de impunidad que había abierto la incompetencia”.
Ochenta días que cambiaron la historia
Pesatti sintetizó el proceso en una frase contundente: “En apenas ochenta días, la dictadura pasó de reprimir obreros que pedían pan a enviar conscriptos a morir y, finalmente, a perder el poder”.
Desde el 30 de marzo hasta la rendición del 14 de junio, el régimen atravesó —según su mirada— un derrumbe acelerado que culminó con la apertura democrática.
“Quienes marcharon ese día llegaron a las urnas con la certeza de haber forzado la historia con su propio cuerpo”, concluyó.
“La democracia nació en la calle”
Para Pesatti, la enseñanza central permanece vigente: “La democracia argentina no fue una concesión del poder: fue una conquista de un pueblo que decidió perder el miedo”.