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Del dron al perro robot: la automatización transforma el agro con IA

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En los últimos años, los robots agrícolas han cobrado protagonismo, y se estima que el mercado global de estas tecnologías alcanzará los 100.000 millones de dólares en un plazo de ocho años. Este crecimiento es impulsado por factores como la disminución de la mano de obra agrícola, el aumento de los costos laborales, y un creciente apoyo gubernamental para la mecanización, junto al impresionante avance de la inteligencia artificial.

Kedar Iyer, CEO de la empresa de robótica agrícola Frutas AI, señala que la industria enfrenta desafíos que requieren alternativas automatizadas. Tradicionalmente, el sector agrícola ha sido reacio a adoptar nuevas tecnologías, lo que ha llevado a una percepción negativa de roles como el de agrónomo entre las nuevas generaciones, quienes ven estos trabajos como arduos y poco atractivos.

Frutas AI está a la vanguardia de esta transformación con su innovador “Agronomist Robot Dog”, un robot en forma de perro que navega por los campos autónomamente, recopilando datos sobre la salud de los cultivos. Este dispositivo está diseñado para inspeccionar cultivos de menos de 1,5 metros de altura, como los arándanos, y puede recorrer hileras sin supervisión, haciendo inventarios y monitoreando cada planta en tiempo real.

El robot ofrece información crucial sobre el rendimiento y tamaño de la fruta, identifica áreas que necesitan atención humana, y aprende patrones de cultivo. Además, opera de manera independiente y puede ser controlado a través de una aplicación móvil, lo que facilita su uso.

El “perro robot” cuenta con una marcha bioinspirada, lo que le permite manejar terrenos irregulares. Iyer compara su movimiento con el de una cabra montesa, capaz de calcular la estabilidad de cada paso al instante, evitando así tropiezos.

Mediante modelos de visión por computadora, el robot puede procesar datos de cientos de plantas en minutos, una tarea que a un humano le tomaría horas. Esto permite a los productores optimizar sus operaciones, reduciendo costos, desperdicio y mejorando la gestión de datos.

El robot fue probado por primera vez en viñedos de Chile en septiembre de 2025, lo que resultó en una notable reducción del 95% en errores de ajuste y una precisión del 90% en datos sobre el tamaño y color de la fruta. Su aceptación fue rápida, convirtiéndose en un compañero de trabajo apreciado por el personal.

Sin embargo, el “perro agrónomo” enfrenta desafíos, como la necesidad de mantener caminos despejados y la dependencia de conectividad en zonas rurales. A pesar de esto, Iyer considera que estas limitaciones son menores si se comparan con los beneficios que ofrece el robot, que se vuelve más eficiente con cada temporada.

“Las percepciones de un agrónomo son el activo más valioso en una granja, pero su trabajo puede ser transformado por la tecnología”, concluye Iyer, vislumbrando un futuro prometedor para la agricultura automatizada.

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