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DATA INTERNACIONAL
Alejandro Lomuto nos propone un viaje a lo que será la situación mexicana desde la asunción del nuevo presidente de los Estados Unidos, pero además, plantea un llamado de atención sobre las nuevas apariciones de figuras políticas en las distintas escenas planetarias
La próxima asunción de Donald Trump es una amenaza para México, pero está lejos de ser la única. En todo caso, lo que hará el próximo presidente de Estados Unidos ‒aun cuando cumpla menos de la mitad de sus promesas de campaña‒ será agregar problemas a una situación ya de por sí muy complicada, a la que ni el gobierno ni la dirigencia política le encuentran solución. Y que, al paso que va, promete la posibilidad de una salida impensada para las elecciones presidenciales de 2018.
Las amenazas de Trump son básicamente migratorias y comerciales. Que es lo mismo que decir que son económicas.
Trump prometió en la campaña que si llegaba a la Presidencia expulsaría de Estados Unidos a todos los inmigrantes ilegales, y calculó que son unos 11 millones. Inmediatamente después de ganar las elecciones dijo ‒a través de uno de sus asesores, uno de sus medios predilectos junto a Twitter‒ que solo deportaría a los inmigrantes que además de no tener sus documentos en regla tengan antecedentes criminales, y estimó que son unos tres millones. El gobierno de México tiembla porque cree que hay unos cuatro millones de mexicanos indocumentados en Estados Unidos y si regresaran triplicarían la tasa de desempleo (actualmente de 4% de la población económicamente activa, equivalente a unos dos millones de personas), porque no hay más puestos de trabajo. Si ello ocurre, es razonable esperar que, además, provoquen una caída de los salarios, con el efecto consiguiente sobre la actividad económica.
También en la campaña, Trump avisó que revisaría los acuerdos comerciales que, a su juicio, perjudican a Estados Unidos, y puso el acento en la posibilidad de retirar a su país del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Nafta, en inglés) que comparte con Canadá y México. “No creo que estemos buscando despedazar el Nafta, sino que lo que queremos hacer es ajustarlo a la medida adecuada y hacerlo más justo”, suavizó este lunes otro de sus asesores ante un grupo de empresarios. Hasta ahora, sin embargo, el presidente electo logró torcerle el brazo a la fábrica de acondicionadores de aire Carrier, que tenía resuelto mudar una de sus plantas industriales de Indiana a México, donde crearía unos 1.400 puestos de trabajo. Lo consiguió bajo la amenaza de imponer un arancel de 35% no solo a Carrier, sino a cualquier empresa estadounidense que fabrique fuera de Estados Unidos y quiera importar sus productos. Si efectivamente Trump aplicara ese arancel, es pertinente preguntarse qué sucederá con las muchas compañías estadounidenses que venden en Estados Unidos parte de lo que fabrican fuera del país. Varias de estas empresas, como General Electric y Federal Express, tienen plantas en México. ¿Las cerrarán?
Mientras tanto, una firma de asesores financieros vaticinó que la inversión extranjera directa en México podría derrumbarse de 20.000 millones de dólares este año a 5.000 millones en 2017 debido a las políticas de Trump. Al respecto, las autoridades mexicanas no trajeron calma. El secretario de Finanzas, Antonio Meade, afirmó que “ante la volatilidad de los mercados, la incertidumbre existe”. El gobernador del Banco de México (banco central), Agustín Carstens, admitió que las declaraciones de Trump sobre el Nafta aportan “incertidumbre” a la hora de definir proyectos de inversión. Y en un informe publicado este lunes, el Banco de México señaló que debido a “la retórica proteccionista” del próximo jefe de la Casa Blanca “existe la posibilidad de que la economía mundial permanezca en una fase prolongada de bajo crecimiento, lo que podría dar lugar a menores tasas de crecimiento en México”.
El factor Trump sigue desconcertando al gobierno de México. El secretario de Hacienda, Ildefonso Guajardo, pidió la semana pasada a empresarios mexicanos y estadounidenses “resistir” a las “presiones” del presidente electo con respecto al Nafta y advirtió que si Washington efectivamente aumentara los impuestos a la importación de bienes, México se vería obligado a “reequilibrar” su política arancelaria, obviamente con medidas recíprocas. Guajardo recordó que “hay 15 sectores estratégicos estadounidenses que dependen de las compras en México” y subrayó que “es evidente que si se ponen barreras arancelarias entre México y Estados Unidos no ayuda a nadie, porque lo único que desata es una guerra de aranceles”.
Pareció por un momento que el llamado a la resistencia de Guajardo reflejaba una nueva postura del gobierno mexicano, mucho más firme, ante el factor Trump. Pero no. Según fuentes de la cancillería citadas ayer por la revista Proceso, el presidente Enrique Peña Nieto piensa acelerar la entrega del capo narcotraficante Joaquín El Chapo Guzmán a Estados Unidos. Guzmán es “una carta importante en la baraja de opciones de Peña Nieto para empezar a quedar bien con el próximo presidente estadounidense”, explicó la fuente.
Aun cuando sus colaboradores puedan estar realizando negociaciones secretas más equilibradas, esa decisión debilita a Peña Nieto ante Trump a la vista de la opinión pública y recuerda el episodio de la campaña, cuando el presidente mexicano invitó a los dos grandes competidores por el Salón Oval de la Casa Blanca y el tiro le salió por la culata, porque Hillary Clinton rechazó la invitación y Trump la aceptó pero luego desmintió públicamente la versión de Peña Nieto sobre lo que conversaron.
Al margen de Trump, México tiene al menos cuatro problemas serios y complejos. Uno de ellos es la economía, que no logró despegar pese a las reformas estructurales impulsadas por Peña Nieto y sancionadas por el Congreso, en particular la energética y la impositiva. Otro es la educación, eje de otra gran reforma que aún hoy es resistida por amplios sectores de la docencia y que, a juzgar por los resultados de las pruebas PISA conocidos esta semana, tampoco dio resultados positivos.
Otro es la violencia. Al asumir hace cuatro años, Peña Nieto eliminó la política de combate militar al crimen organizado que había llevado adelante su antecesor, Felipe Calderón, y que solo había conseguido elevar a niveles récord la cantidad de víctimas. Probó con distintos métodos, tales como alentar la formación de autodefensas y luego estatizarlas, pero, si bien consiguió mejorar un poco los indicadores, la situación sigue muy lejos de encaminarse hacia una solución.
Paralelamente, casos como el de los 43 estudiantes desaparecidos en el estado sureño Guerrero pusieron a la vista la vinculación entre violencia, crimen organizado y corrupción, que es el otro gran problema actual de México. La corrupción ya no es patrimonio exclusivo del Partido Revolucionario Institucional (PRI, centrista), aquel que había gobernado 70 años consecutivos hasta 2000 como virtual partido único y volvió a la administración central en 2012, con Peña Nieto. México tiene ahora una democracia tetrapartita, en la que el Partido Acción Nacional (PAN, conservador, que gobernó el país entre 2000 y 2012), el Partido de la Revolución Democrática (PRD, centroizquierdista) y el más nuevo Movimiento Regeneración Nacional (Morena, izquierdista) se reparten gobernaciones, alcaldías, chances de llegar al gobierno nacional y escándalos de corrupción.
En su libro más reciente ‒Sólo así: por una agenda ciudadana independiente, publicado este año‒, el economista e historiador Jorge Castañeda, quien viró desde su militancia juvenil en el Partido Comunista a su función como canciller del presidente conservador Vicente Fox, sostiene que el Estado mexicano está “cojo, manco y decapitado”, que solo puede ser restaurado por un gobierno ajeno a los partidos y que las elecciones de 2018 no deben ser una competencia entre izquierda y derecha sino un referendo sobre la partidocracia y sus beneficiarios, como en 2000 lo fue acerca de la permanencia del PRI en el manejo de la cosa pública. Pero también advierte sobre los riesgos de la antipolítica: “No todos los independientes son demagogos y populistas, pero tampoco los outsiders son por definición independientes”. Castañeda cree que para que la democracia funcione se precisan partidos, aunque no necesariamente los actuales. Sin embargo, observa que el rechazo de la ciudadanía a la corrupción y a las estructuras políticas vigentes es creciente.
Desde hace más de 25 años, cuando los ciudadanos se hartaron de los políticos y los partidos, votaron por outsiders. Fueron los casos de Alberto Fujimori y Alejandro Toledo ‒aunque éste luego se quedó en la política‒ en el Perú, Hugo Chávez en Venezuela, Rafael Correa en Ecuador, Fernando Lugo en Paraguay y, más recientemente, Jimmy Morales en Guatemala. También les cabe el mote, aunque se postularon por partidos tradicionales, a Sebastián Piñera en Chile, Horacio Cartes en Paraguay y al mismo Trump, entre otros. ¿Y si Castañeda tiene razón?
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Peajes en Río Negro: Provincia y Nación ponen la lupa en las rutas 69, 22 y 151
El debate sobre la implementación de peajes en las rutas de Río Negro ha cobrado fuerza en los últimos días, con la evaluación activa de distintos corredores provinciales. En particular, el gobierno rionegrino está centrando sus esfuerzos en la Ruta 69, mientras que a nivel nacional, la atención se dirige hacia las rutas 22 y 151, consideradas claves para el desarrollo de la región, especialmente en el contexto de Vaca Muerta.
A nivel provincial, la evaluación está respaldada por un informe elaborado por una consultora, cuyo análisis de viabilidad de un sistema de peaje ya ha sido entregado y se encuentra en etapa de revisión. Raúl Grün, presidente de Vialidad Rionegrina, explicó que las decisiones sobre la implementación dependerán de los resultados de este estudio, junto a la marcha de las obras en curso, que incluyen mejoras significativas en la Ruta 69.
“Estamos trabajando mientras se desarrolla la obra de la Ruta 69 a la altura de Campo Grande, cuyo plazo es de siete meses e incluye una dársena para pesaje de camiones”, indicó Grün, subrayando que la propuesta de peajes busca también ordenar el tránsito pesado y generar fondos para el mantenimiento de las rutas.
Por otro lado, el análisis sobre la posible instalación de peajes también implica un proceso más amplio de revisión de la red vial provincial. Desde el organismo provincial informaron que aún se están realizando relevamientos y que no se cierra a ninguna opción. El objetivo principal es cuidar la infraestructura existente y mejorar los controles sobre el tránsito pesado.
En el plano nacional, el interés por las rutas 22 y 151 se sitúa en el marco de un esquema de concesiones, con la intención de llevar a cabo una revisión más exhaustiva del sistema de administración de rutas federales. Si bien la planificación no se propone para el corto plazo, podría concretarse en un horizonte de mediano plazo, posiblemente a partir de 2027.
La secretaría de Obras Públicas de Río Negro enfatiza que el modelo de concesión va más allá del simple cobro por uso. Se requiere que las empresas adjudicatarias realicen una inversión inicial para poner las rutas en condiciones antes de cobrar peajes, asegurando así que el mantenimiento y la ejecución de obras sean responsabilidades concretas de las concesionarias. Este enfoque integral pretende garantizar no solo la viabilidad financiera, sino también la mejora de la infraestructura vial en la provincia.
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El Gobierno nacional designó a un roquense al frente de Vialidad en Río Negro
El Gobierno nacional designó a Héctor Nisim Tasat como nuevo jefe del Distrito 20 de Vialidad Nacional en Río Negro, poniendo fin a varios meses de vacancia en la conducción del organismo en la provincia. La resolución, firmada por el titular de Vialidad Nacional, Jorge Campoy, oficializa la llegada de un dirigente oriundo de General Roca que asumirá el cargo el próximo lunes.
Tasat, de 36 años y profesional en abogacía y contaduría, cursó ambas carreras en la Universidad Argentina de la Empresa (UADE) en Buenos Aires. Su designación se produce luego de que la jefatura quedara vacante tras la renuncia de Enzo Fullone en agosto del año pasado, quien dejó el cargo para dedicarse a la campaña política dentro de La Libertad Avanza y que posteriormente lo llevó a obtener una banca en el Senado.
El nombramiento del roquense ocurre en un contexto de reorganización política dentro de organismos nacionales con sede en Río Negro, y fuentes consultadas señalan que la influencia del propio Fullone fue un factor relevante para la llegada de Tasat, similar a lo ocurrido en otros nombramientos recientes como los jefes de delegaciones de PAMI en la provincia.
A diferencia de los jefes de distrito tradicionales, Tasat no proviene de un perfil técnico vinculado a la ingeniería vial o a la obra pública. Su experiencia profesional está orientada a la gestión administrativa, análisis financiero, control y asesoramiento legal, tanto en el ámbito privado como en estructuras complejas de toma de decisiones, según consta en su currículum.
La asunción de Tasat se producirá en un momento especialmente desafiante para Vialidad Nacional en Río Negro, donde persisten reclamos por el estado de corredores viales estratégicos como las Rutas Nacionales 22 y 151. El deterioro de la 151 motivó incluso un fallo de la justicia federal que instó a Vialidad a presentar un informe técnico y ejecutar trabajos de mejora, mientras que en la 22 aún restan importantes obras para completar el ensanche de la traza.
Más allá de las cuestiones técnicas y de infraestructura, la gestión distrital de Vialidad ha cobrado relevancia política en la provincia debido al impacto que tiene la red vial sobre la economía regional y la vida cotidiana de vecinos y productores. La llegada de Tasat abre un nuevo capítulo en la relación entre la conducción nacional del organismo y los principales actores provinciales, con expectativas de avances concretos en el corto y mediano plazo.
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María Emilia Soria marca posición: unidad peronista sin exclusiones
En un acto realizado el pasado viernes en la Unidad Básica de San Antonio, la intendenta de Roca y precandidata peronista a la gobernación, María Emilia Soria, enfatizó la importancia de la “unidad” dentro del peronismo, afirmando que “no sobra nadie”. Esta declaración se produjo en un contexto de tensión interna tras las críticas de la ex-candidata a gobernadora, Silvia Horne, hacia sectores cercanos a Soria.
La jornada comenzó con un llamado a la cohesión partidaria, donde Soria destacó que “la unidad de octubre es la receta del éxito”. Su presencia en San Antonio tuvo como objetivo contrarrestar el debate suscitado por las declaraciones del presidente de la bancada Vamos con Todos, José Luis Berros, quien inusitadamente había apoyado una alianza electoral con el diputado libertario Aníbal Tortoriello. Soria intentó desactivar esta controversia, sosteniendo que los comentarios de Berros no representaban una postura clara.
Junto a ella, la legisladora Ayelén Sposito, referente del Movimiento Evita, participó del evento y contribuyó a suavizar el clima de confrontación. Soria y Sposito se unieron en un mensaje de unidad, destacando que el encuentro no debía ser visto como un lanzamiento de campaña a futuro, sino como un espacio de encuentro peronista.
Durante su discurso, Soria enfatizó cómo la unidad se había traducido en logros concretos en las pasadas elecciones. “Esa unidad que logramos en octubre es la receta del éxito. El único camino es transformar el presente trabajando juntos, con gestión, cercanía y compromiso con la gente”, manifestó, apuntando a la necesidad de un esfuerzo colectivo.
El acto también sirvió para fortalecer los lazos con otros dirigentes locales y zonales, como Pablo Barreno de Viedma y Liliana Gauna de Sierra Grande. A pesar de las tensiones internas, la intendenta se mostró optimista, alentando a escuchar y construir desde abajo sin caer en personalismos.
Al concluir la jornada, Soria reiteró su compromiso hacia una política inclusiva y colaborativa, mencionando que el peronismo encuentra su fuerza en la capacidad de escuchar a las bases y movilizar a la comunidad. La intendenta dejó claro que, en tiempos de desafío, la unidad sigue siendo el fundamento más sólido para enfrentar los retos del futuro político en la provincia.
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