Las manos que conservan la historia: tejedoras neuquinas brillaron en una pasarela cultural
Las artesanas mostraron creaciones que expresan la memoria, los símbolos y las técnicas heredadas de sus antepasados.
La segunda edición del Desfile de Emprendedores de la Región Sur reunió en Junín de los Andes a 54 emprendedores y diseñadores de distintas localidades cordilleranas. Entre las propuestas, Artesanías Neuquinas presentó ponchos que reflejan técnicas textiles, saberes transmitidos entre generaciones y vínculos con el territorio.
La muestra incluyó piezas de las artesanas Silvia Tropan, Eliana Tropan y Laura Linares. En los ponchos de Silvia se destacó el Traril Makuñ, o lista atada: antes del teñido, se atan sectores de los hilos para reservarlos del color y formar diseños geométricos al tejer. Una de las piezas incorporó tintes de cocolle, una planta de la región que puede dar tonos rosados, salmón o ladrillo.
Otros textiles mostraron distintas combinaciones de fibras, colores y motivos. El poncho gris de Eliana Tropan fue teñido con laura, cocolle, cebolla y raíz de michay; el de Laura Linares presentó franjas de peinecillo, conocidas como Klan Traro, teñidas con monte guanaco. Cada pieza llevó al desfile una paleta ligada a elementos del entorno y a decisiones técnicas de sus creadoras.
La presentación también recuperó ponchos patrimoniales vinculados al Museo Roca Jalil, cuya historia se remonta a comienzos del siglo XX y que conserva textiles centenarios. Algunas piezas dejaron las vitrinas para volver a encontrarse con el público, entre ellas un poncho rojo de lista atada, otro con el motivo de la araña y un tejido de figuras geométricas rojas, cuya compleja trama da cuenta de la precisión requerida para elaborarlo.
Uno de los textiles expuestos tiene un valor especial para la memoria neuquina: fue realizado en 1986 por Adela Encina Lagos, artesana de Loncopué, y utilizado para cubrir el féretro del médico e historiador Gregorio Álvarez. La pieza, tejida en lana blanca y teñida de negro, lleva un diseño de cruces concéntricas escalonadas llamado praprahue. La colección incluyó además un poncho de Irma Rosa Añiguir, de la Comunidad Aigo, tejido con lana en tonos naturales y técnica de peinecillo laboreado.
La tradición textil mapuche también estuvo presente a través del relato de Llallun Kuche, la Madre Araña, a quien las abuelas reconocen como maestra y protectora de las tejedoras. La historia, transmitida en las familias, enlaza el aprendizaje del tejido con el cuidado y la transmisión de conocimientos. Así, en Junín de los Andes los ponchos se presentaron no solo como prendas, sino como piezas que llevan el nombre de sus artesanas y resguardan técnicas, recuerdos e identidad.
admin
Comentarios
Deja tu comentario