Aerolíneas busca desprenderse de los aviones que compró Cristina Kirchner

Aerolíneas busca desprenderse de los aviones que compró Cristina Kirchner

En la línea aérea de bandera hay un tema que desvela a los tres hombres que no sólo manejan la empresa, sino todo el sector. El senador Mariano Recalde, verdadero mandamás del mercado; Pablo Ceriani, un administrador racional de la empresa, y Gustavo Lipovich, exdirector del Orsna y actual miembro del directorio de la compañía, son quienes deciden todo lo referente a los vuelos en la Argentina. Si algo se debe definir, hay que hablar con ellos. Los tres le buscan una vuelta a un tema que no tiene una solución fácil: el destino de los aviones Embraer 190 que la anterior gestión del abogado laboralista compró a Brasil.

Aquellas aeronaves se compraron a valores demasiado altos. El macrismo se asombró de aquella compra que, según una denuncia penal, había validado un sobreprecio de 5 millones de dólares por avión. Pero más allá de las expresiones de sorpresa en los pasillos, jamás se avanzó con fuerza en la investigación judicial.

Lo cierto es que todos se beneficiaron de los asientos contables de aquellos aviones. En el activo de la empresa están anotados con valores altísimos y venderlos a los valores que tienen hoy, si es que apareciese un comprador, ya no sólo levantaría sospechas de sobreprecios sino que, además, generaría un enorme problema contable. Quien firme el balance deberá anotar enormes pérdidas.

Imposibilitados de venderlos, la búsqueda es de una salida conocida. El aviso bien podría decir lo siguiente: “Se busca aerolínea amiga para operar aviones Embraer a cambio de un acuerdo con Aerolíneas”. Traducido al criollo, a cambio de subsidios.

Apareció una empresa patagónica: LASA. Aquella empresa con sede en Neuquén, cuyo CEO es Juan Carlos Silenzi, está especializada en vuelos especiales y opera con muchas empresas petroleras que tienen que llevar dotaciones a la zona. Las conversaciones empezaron y el empresario pidió que Aerolíneas no compita con ellos en algunas rutas. La idea de LASA es que desde Neuquén se construya una línea aérea patagónica. En la estatal no están demasiado de acuerdo con despejar la Patagonia a cambio de abandonar la operación de los Embraer. Pero algún acuerdo intermedio, seguramente, podrá haber. En su caso, amanecerá una nueva empresa que, de una manera u otra, volará con alguna ayuda estatal.

Quizá acá esté la única certeza del mercado: Aerolíneas seguirá volando. No hay demasiado que preguntarse ahí. Las asistencias del Tesoro se mantendrán, las directas que se cuentan en subsidios, y las indirectas como el acceso al mercado de cambio con dólares a precios oficiales.

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